Ahí va uno por el mundo
Y tropieza con esas cosas.
¿Cómo no escribirlas para ella?
Siempre que la recuerdo,
Caigo en cuenta que no tengo rima,
Que ella no se da cuenta
Que este cuerpo vagabundo la ama y estima.
¿Pero qué importa?
Tal vez no viva nunca con ella,
Pero ella sabe que vivo por ella.
Lo sabe. Ella lo sabe.
Por eso repito, ¿qué importan las cursilerías?
Las escribo a diestra y siniestra,
Donde la piense y la abrace
Con estas letras a escondidas.
Esto, pues bien puede ser un tango,
Dejo claro que no hay por qué no amarla
Ni hay un "pero" para olvidarla...
Pero no hay por qué llorarla.
Aunque no me ame, yo la amo.
Aunque no me quiera, por ella vivo.
Sin mayor trama, ni estética,
Lo escribo en versos sin métrica,
Ni rima ni mucho menos tinta,
Pero aquí, así sin avisar siquiera,
Edito los sentimientos que por ella,
Este cuerpo ingrato sufre y disfruta.
Ahí algún día, ella, mi estrella,
Sabrá quien y en qué momento
Pensaba sutilmente en ella,
Sin morderle las orejas
Ni besarla con los pensamientos,
Ella, sabrá quien la leía de lejos
Y la besaba con lírica sin sentido,
Ella, lo sabrá algún día,
Y no lo vera como una cursilería.
C. Macci