Sufro por las tardes como ésta,
Viendo el atardecer desde mi alcoba,
Ilusionado con dibujar días así
Y tener mis manos en tus caderas.
Lo que pienso y hasta lo que hago,
Lo someto a tu cuidado,
Pensando en que no debo fallarte
Sin siquiera saber si por misericordia me recuerdas.
Estos poemas juveniles, me brotan de la nada
Y se nutren de tus recuerdos.
¡Qué cosa más extraña!
¿Qué cosa me has hecho que me tienes a tus pies?
Ya no tengo rima. Ya el viento va despacio.
El sol se oculta y yo me duermo
Entre sollozos y deseos.
Ilusionado.
He construido mundos, universos,
Y en todos eres diosa.
He dibujado noches de luna llena, perfectas para nosotros,
Y en todas ellas tú eres la reina.
En efecto, lo que diga con las letras,
O cuanta acción haga y tenga,
Te lleva impresa sutilmente,
Porque lo que hago lo hago por ti.
Y tú ni siquiera me piensas.
¡Qué iluso!
¡Qué confuso!
¡Qué joven soy!