Me irritaba sudar con tanto calor,
Sentir esa pesadez del tiempo,
Desesperar con tan altas temperaturas.
No soportaba sudar.
Era soltero.
Intolerante a las altas temperaturas.
Y un día, entre mi desasosiego,
Desordenadamente te vi.
Supe que eras para mi.
Ese día sudé por ansiedad
De tenerte entre mis brazos,
Sudé entre mis instintivos deseos de amarte.
Y fue entonces, que el pavor al calor
Desapareció, repentinamente.
Y fue olvidado, por completo...
El día que abrazados estuvimos,
Tu calor, tu temperatura,
Tan alta como una mancha de sol,
No me hizo sudar.
No me incomodé...
Más bien, quise estar junto a ti,
Abrazado, sudando amor
En lugar de sudor.
Ese día comprendí,
Que podría sudar otra cosa que no sea sudor.
C. Macci
Estas letras, son parte de mi forma excéntrica de ver el mundo y de la manera como se hunde mi barcaza en las experiencias de vida. Carlos Macci.
domingo, 31 de marzo de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
Adelante va el joven
Era este cuerpo, tan joven como el universo,
Ingenuo por naturaleza,
Puberto y deseoso de vivir tranquilo,
Fuera de tanta penitencia.
Era un jovenzuelo de baja alcurnia,
De mentón bajo, por su vergüenza,
Por su tormento.
Una visión tenía este cuerpo,
Vivir tranquilo, dormir contento.
Un joven ilusionado,
No por eso que el televisor anuncia,
No por las modas ni el dinero.
Era un joven ilusionado,
Con tener éxito y mucha aventura.
Sin dinero hizo su barca,
Con las uñas coció sus velas,
Y al mar entre olas y arena,
Se lanzó a buscar el deseo de su alma.
Y casi naufraga... Y casi muere...
Pero no era un joven cualquiera.
Y muchos de sus conocidos,
En yates y lanchas navegaban,
Y el con su boca soplaba las velas,
Para echar a andar su barca...
¡Oh joven y qué agallas!
La leyenda dice que este joven,
Cruzó 7 mares y 100 cordilleras,
Inventó las aves mecánicas
Y voló lejos de su nido...
No así, volvió con sustento,
Para su vieja madre y su anciano padre.
El destino no le paga nada,
Lo que tiene lo ganó y se lo gana.
Un joven común,
De las tierras latinoamericanas.
Un joven común,
Con deseos de vencer las montañas.
Digno de ser llamado digno.
Honrado por ser honrado.
Admirado por ser tenaz.
Un joven de tierras latinoamericanas.
C. Macci
Ingenuo por naturaleza,
Puberto y deseoso de vivir tranquilo,
Fuera de tanta penitencia.
Era un jovenzuelo de baja alcurnia,
De mentón bajo, por su vergüenza,
Por su tormento.
Una visión tenía este cuerpo,
Vivir tranquilo, dormir contento.
Un joven ilusionado,
No por eso que el televisor anuncia,
No por las modas ni el dinero.
Era un joven ilusionado,
Con tener éxito y mucha aventura.
Sin dinero hizo su barca,
Con las uñas coció sus velas,
Y al mar entre olas y arena,
Se lanzó a buscar el deseo de su alma.
Y casi naufraga... Y casi muere...
Pero no era un joven cualquiera.
Y muchos de sus conocidos,
En yates y lanchas navegaban,
Y el con su boca soplaba las velas,
Para echar a andar su barca...
¡Oh joven y qué agallas!
La leyenda dice que este joven,
Cruzó 7 mares y 100 cordilleras,
Inventó las aves mecánicas
Y voló lejos de su nido...
No así, volvió con sustento,
Para su vieja madre y su anciano padre.
El destino no le paga nada,
Lo que tiene lo ganó y se lo gana.
Un joven común,
De las tierras latinoamericanas.
Un joven común,
Con deseos de vencer las montañas.
Digno de ser llamado digno.
Honrado por ser honrado.
Admirado por ser tenaz.
Un joven de tierras latinoamericanas.
C. Macci
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