Son mi mundo,
lo que escucho,
son la gloria del mudo,
la suerte del músico,
son la fuente de inspiración,
de información,
el vicio de la distracción.
Nos llevan rumbo a la sordera
nos muestran que no son tan malos
como suenan
y nos conectan al sonido,
al ruido...
Sordo estoy
y por ellos todo lo doy;
me dan compañía en plena soledad
y no ensucian el momento de silencio
y nos mantienen,
nos gobiernan,
nos dan placer
sin ningún daño por doquier.
Con ellos viajo,
con ellos duermo
con ellos conduzco
y a veces como,
un poco incómodo,
pero siempre felices y eternos sean,
más bien,
sempiternos....
Sean la gloria y el uso del diario momento,
conviértanse en los entes de la cera,
en los martillos de mis orejas
y las alas de mi mente, de mi era.
C. Macci
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