domingo, 12 de julio de 2009

Después del 2000

Joven he sido, soy, y seré siempre que desee,
pero las horas pasan y me hacen arrugas,
patas de gallo en las sienes, y las cosas que uno lee
corresponden al nivel intelectual y estupor sin alas.

Joven todavía, he partido el mundo en tres,
A.C, D.C y después del 2000.
No es que menosprecie a Cristo, si eso crees,
pero es que las cosas cambiaron después del 2000.

El segundo milenio trajo con su nacimiento
una nueva era, un arte propio del humano,
algo terrible e indudablemente absorto
en las múltiples vocaciones que auscultan lo pagano.

Es una época triste, de perdis aberración,
de políticas y documentaciones en contra
de la naturaleza humana, obsesión;
galas y espurias perchas se contradicen,
son lisonjeras y perduran en su mantra.

El destino se proyecta ruin, torpe, como un aparato
las multitudes de jóvenes no se visualizan
en lo lejano de esta caminata sin ornato,
más bien siento que los sucesos empeoran, no danzan.

A esta era la llamo la Era Digital, fútil,
sin aras bellas, sin conocimiento, época sin ventura
que pastorea las huestes hacia un maltrecho ovil,
elaborado con lo que la mercadotecnia factura.

Insensato puñado de años corrientes y voraces en su acción,
que montado en un facistol, ordena las masas inocentes
y los adiestra como guiris expertos en perversión;
los grandes tienen el Seol asegurado, los jóvenes ya están inertes.

La telaraña virtual, promueve el dialoguismo, la curiosidad
se adueñó, como un demonio, de la mente humana,
estamos consituyendo un imperio de contrariedad,
desorden y terrible exasperación pagana.

No detesto las olas modernas de tecnología,
no desacredito los beneficios de la red mundial,
pero me esmero en no creer en lo bueno, analogía
que se muere en un cunilingo o en un torrente fluvial.

Como un escupitajo podría ser la Era después del 2000,
si no fuera por las mentes brillantes que como Lot,
aprovechan las ventajas de la globalizada obsesión, que vil
como una curia añeja, solo promueve doctrinas.

C. Macci

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