Sabrosas aceitunas enaltecen mi paladar,
aceitunas Antillanas, verdes y jugosas,
que dan placer al rico y trabajo al pobre,
aceitunas tropicales, enlatadas, como se
exige, como la naturaleza misma lo permite.
Placer de la lengua, acompañan mi
Cuba Libre, no la Cuba de Fidel,
ni la Venezuela Bolivariana de Chavez Frías,
no, ¡qué va! y están frías,
saliendo de la lata sin estrías.
Estos antojitos de la familia simarubáseas
me hacen sentir vivo,
feliz como si anduviera vestimenta chiné,
y triste por si fuera ropa de percal.
Las señoritas por edad, me miran
y saben que lo disfruto, que gusto del sabor aceitoso,
tropical y paradisíaco como lo es
América Central, que es dueña de las aceitunas
y de las guerras entre hermanos.
¡Ave Aceitunas!
Crezcan esas ramas más de quince metros,
toquen el cielo pertinaz y pidan aceite divino,
que llene el paladar del adalid y el bolsillo
del vasallo.
C. Macci
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