Ahí vamos por el mundo,
haciendo alboroto y cruzando caminos.
Con aliento nauseabundo,
nos levantamos y asimismo dormimos.
Vamos sin saber porqué avanzamos,
consumimos cuanto se pueda consumir,
y sabemos que es una economía sin manos
la que nos hace blasfemias proferir.
Los de rojo piden revolución,
también que se haga el cambio ya,
los que apoyan los placeres del norte
solo piden que se adelante cada ley sin mella.
Hagamos pues, la revolución;
no la del Che ni la de Chávez,
mucho menos la cubana abyección;
hagamos nuestra interna manifestación.
Es una idea en la que la tez,
sea respetada con su mente cordial,
es una revolución intelectual,
en la que no traguemos anzuelos
cual si fuera cada quien un pez.
Es una revolución de la cultura,
una recolección de hábitos...
la idea es que haya consternación
ajena por el cambio, que sería real
como el sueño diario.
Queremos marcar el mundo,
no con falsas ideologías
y demagogias de lo inmundo,
queremos intercomunicación
y algo de paz moral;
quitar el hambre.
C. Macci
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