lunes, 20 de diciembre de 2010

Frío y Calor

El frío mañanero que nace con el sol del horizonte,
viaja alegre entre las nubes,
siente al viento como si tuviera piel,
siendo tan sólo el frío...
perteneciendo tan sólo a una escala de medición
que absoluta y arbitraria
fue establecida por el científico loco,
uno de apellido Kelvin o Celsius o Fahrenheit
que cree haber descubierto la relación,
o la reacción,
o la sensación.

El científico que cree que el frío es su creación,
que los números lloran cuando él toma el bolígrafo
y que cree que la hoja se siente acariciada, con el
balín del lapicero que sollozando rasca y raya,
llora y mancha con sus lágrimas...
y mientras cada mancha brota del balín,
la hoja hace realidad el sueño del científico
y la existencia del frío...

¡Pero no sólo del frío!
Sino también del calor,
porque lo que la entropía sugiere,
es que el frío es como Adán
y necesita una Eva: el calor...

La realidad del asunto
es que el que escribe,
raya inconsciente,
raya lo que siente...
pero trata de demostrarlo para quedar vivo...
vivo eternamente.
Eternamente en la historia que guardaban
las hojas de papel hasta antes de 1950
pero que ahora, como ya no hay árboles,
los guardan en bits, medios digitales,
medios que fueron inventados por otros científicos locos
que como el inventor del frío y del calor,
quieren pertenecer al grupo de inmortales muertos,
a ese clan desprestigiado por la Iglesia
y adorado en las Universidades.

Pero el asunto es que el frío nació frío
y acompañado cálidamente por el calor.


C. Macci

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