Algunos creían que la paz era un aliado,
otros que la paz es solo un cuento,
la mayoría soñaría vivir dormido,
para escapar de la fúnebre vida sin ungüento.
Las atrocidades mantienen un imperio,
moral, aberrado, extraviado, una gloria;
así es el desperfecto que nos hace vacilar...
el diario del escritor no alcanza, es un milenio
de historias; las vulgaridades son la victoria
espeluznante de la barbarie que nos hace dormitar.
Vamos rumbo a la crisis, como la del veintinueve,
¡talvez! Sin embargo, sufriremos no por dinero,
sino por falta de mente como en el dos mil nueve,
que los avaros hicieron de las suyas -soy sincero-
Las voracidades de la economía moderna,
nos deja valiendo simplemente unos billetes,
puede que perdamos una pierna,
y nadie venderá por ayudarnos, sus ostentosos aretes.
Las glorias de los países son ambiguas, extrañas, baratas;
algunos consideran la política una batalla, a muerte,
y como es a muerte, vale un comino sin hay patatas
para el pueblo, o si la seguridad es cuestión de suerte.
Las consecuencias a priori aceptadas, hunden
nuestra psique en un mundo de colores, legalidad, droga
y falta de valores, como fierros herrumbrados funden
nuestros cerebros con la demagogia y labia; esto nos fustiga.
Despertemos de la brutalidad que nos agobia,
basta ya de querer parecernos a los Israelitas,
cuando antes que Moisés los librara de su historia
sin Dios, eran esclavos de su propia condenación.
C. Macci
Estas letras, son parte de mi forma excéntrica de ver el mundo y de la manera como se hunde mi barcaza en las experiencias de vida. Carlos Macci.
domingo, 19 de julio de 2009
martes, 14 de julio de 2009
La resistencia final

La resistencia ya no existe, nadie se resiste,
Somos una parvada de infecundos que no luchan por los sueños,
todos vamos al Mall y pedimos lo que mejor nos viste.
Perros, oboes sin sonido somos, de nosotros no somos dueños.
Somos cabezas sin sentido común, huecos como el baúl
que esconde a la muerte, somos soeces
Y pértiga la muchedumbre ignorante, es sumergida en un paúl
propio de una llanura escandinava, como peleles.
¡Qué asco las gentes del mundo!, ¿modernos?
No. Tienen ascuas en sus cabezas pero no buscan la libertad mental,
¡Animales indómitos! ¡Así son todos los vasallos sempiternos!
¡Así son todos los que no visten un delantal!
Lícitos no son –somos-, ni nacieron –nacimos- cuerdos,
son –somos- la burla del Oriente, de la Península que nos hizo latinos,
y el conocimiento que amaron los Griegos y ahora los europeos,
¿Acaso no deberíamos imbuirlo en la cultura, en los cuadernos?
No hay resistencia, esta cuestión no tiene el deseado final;
El final es la verdad, de la creación, de la evolución;
No puede haber gnosis porque todo es carnal,
Nadie cree en Dios, y los que creen no le dan seria devoción.
C. Macci
02/07/2009 1:24:26
Somos una parvada de infecundos que no luchan por los sueños,
todos vamos al Mall y pedimos lo que mejor nos viste.
Perros, oboes sin sonido somos, de nosotros no somos dueños.
Somos cabezas sin sentido común, huecos como el baúl
que esconde a la muerte, somos soeces
Y pértiga la muchedumbre ignorante, es sumergida en un paúl
propio de una llanura escandinava, como peleles.
¡Qué asco las gentes del mundo!, ¿modernos?
No. Tienen ascuas en sus cabezas pero no buscan la libertad mental,
¡Animales indómitos! ¡Así son todos los vasallos sempiternos!
¡Así son todos los que no visten un delantal!
Lícitos no son –somos-, ni nacieron –nacimos- cuerdos,
son –somos- la burla del Oriente, de la Península que nos hizo latinos,
y el conocimiento que amaron los Griegos y ahora los europeos,
¿Acaso no deberíamos imbuirlo en la cultura, en los cuadernos?
No hay resistencia, esta cuestión no tiene el deseado final;
El final es la verdad, de la creación, de la evolución;
No puede haber gnosis porque todo es carnal,
Nadie cree en Dios, y los que creen no le dan seria devoción.
C. Macci
02/07/2009 1:24:26
Del pueblo
Existen parásitos de los que se hartan
de comerse el dinero de los pobres,
de esos que lloran porque no están felices con lo que roban,
porque no saben de las verdaderas hambres.
Lloraré hasta encontrar la justicia social,
no las historias de Lenin o Fidel,
¡no! Yo quiero la verdadera sociedad constitucional,
no la de Zelaya, o la del rubicundo Micheletti, o la de Fidel.
Espero no ser en este país, un cuerpo muerto
en vida entre las tantas vidas sin vida.
Quiero ser político, no politólogo o politiquero,
como esos que se hunden en el Congreso y no hacen nada.
La música de Cabral y los chistes de Medina,
se quedarán en el silencio de la democracia,
si es que se le puede llamar democracia; es una mina
la verdad en el camino de la avaricia.
¡Avaros, que por su culpa estamos en crisis!
¡Avaros, que creen tener el conocimiento!
Salgan de los libros y de las oficinas para que conozcan a Isis,
Mi hija, mi diosa, mi espalda, que por ella está cargada de sufrimiento.
Ladrones con título para robar,
si tienen el conocimiento, dejen el egoísmo,
dejen la argucia y denle sueños a mi futuro Zar,
no como fue Rasputín con su cinismo,
sino como honesto fue mi abuelo, al cual no pude abrazar.
El lecho relumbroso de la muerte y la inseguridad,
nos espera en nuestro hogar, y el feminismo
no nos deja ser personas sinceras; la vulgaridad
creció con las mujeres, como hizo con el machismo.
Todos somos unos nimios sin guía ni meta,
todos estamos horrorizados con las noticias,
pero hacemos servilmente lo que la tendencia prometa,
escuchamos a los rapsodas y alabamos a los cismáticos.
¿Hasta dónde habrá que llegar?
¿Cuándo acabará esta podredumbre de moral?
¿Dónde están las noches de amor en el hangar?
La inocencia, ¿porqué muere sin hacer un umbral?
Yo se los advierto, ricos, monjes y colonos de las curules,
que si se acaba el mundo, y si Mahoma tenía razón,
las 72 vírgenes me esperarán allá en lo lejano,
pero en ustedes, los humanos sin vivienda descargarán su ira.
C. Macci
01/07/2009 19:21:20
de comerse el dinero de los pobres,
de esos que lloran porque no están felices con lo que roban,
porque no saben de las verdaderas hambres.
Lloraré hasta encontrar la justicia social,
no las historias de Lenin o Fidel,
¡no! Yo quiero la verdadera sociedad constitucional,
no la de Zelaya, o la del rubicundo Micheletti, o la de Fidel.
Espero no ser en este país, un cuerpo muerto
en vida entre las tantas vidas sin vida.
Quiero ser político, no politólogo o politiquero,
como esos que se hunden en el Congreso y no hacen nada.
La música de Cabral y los chistes de Medina,
se quedarán en el silencio de la democracia,
si es que se le puede llamar democracia; es una mina
la verdad en el camino de la avaricia.
¡Avaros, que por su culpa estamos en crisis!
¡Avaros, que creen tener el conocimiento!
Salgan de los libros y de las oficinas para que conozcan a Isis,
Mi hija, mi diosa, mi espalda, que por ella está cargada de sufrimiento.
Ladrones con título para robar,
si tienen el conocimiento, dejen el egoísmo,
dejen la argucia y denle sueños a mi futuro Zar,
no como fue Rasputín con su cinismo,
sino como honesto fue mi abuelo, al cual no pude abrazar.
El lecho relumbroso de la muerte y la inseguridad,
nos espera en nuestro hogar, y el feminismo
no nos deja ser personas sinceras; la vulgaridad
creció con las mujeres, como hizo con el machismo.
Todos somos unos nimios sin guía ni meta,
todos estamos horrorizados con las noticias,
pero hacemos servilmente lo que la tendencia prometa,
escuchamos a los rapsodas y alabamos a los cismáticos.
¿Hasta dónde habrá que llegar?
¿Cuándo acabará esta podredumbre de moral?
¿Dónde están las noches de amor en el hangar?
La inocencia, ¿porqué muere sin hacer un umbral?
Yo se los advierto, ricos, monjes y colonos de las curules,
que si se acaba el mundo, y si Mahoma tenía razón,
las 72 vírgenes me esperarán allá en lo lejano,
pero en ustedes, los humanos sin vivienda descargarán su ira.
C. Macci
01/07/2009 19:21:20
lunes, 13 de julio de 2009
Amarga estancia
Hoy es el día en que la impunidad de la soledad acaba,
hoy no hay más tristeza perdida por las lágrimas de cada ojo.
Hoy una amarga estancia me desespera...
y me alegra la compañía de mi insalubre amistad con un vicio.
No es fácil creer que un vicio te haga compañía
pero lo hace...
y de muy mala manera;
sólo deseo que este vicio bendito
no ahogue a mi amada soledad.
Todo es vicio por sexo y sexo por vicio,
todo es infelicidad en las personas que tienen felicidad a la par;
felicidad insensata que no se muestra ni se luce,
no se cree ni se ve,
pero ahí está...
la felicidad.
Pero volviendo al inicio,
donde hablaba del vicio,
no creas lector empedernido
que en la vida me he contaminado con químicos,
no, no lo creas...
Mi vicio, ese que me hace compañía,
es una guitarra
un sol y un re, una púa y una voz
me hacen mala compañía digo yo,
porque no les puedo dar lo que me dan a mí,
me traen la felicidad, me borran la ansiedad
y yo no las sé engalanar.
Me duele por la musa que me entra por un oído
y en mi cabeza hace nido,
pero no soy intérprete de sinfónica,
no soy un ángel de un coro de Varsovia,
solo soy yo y mi vicio por escuchar la musa de mi sangre
de mi voz,
de mi paz,
de mi soledad...
Y la amarga estancia se acaba cuando la musa sale,
sale de entre las cuerdas afinadas de mi guitarra
y las cuerdas desafinadas de mi voz;
porque lo que endulza el alma no es la soledad
ni la compañía,
sino la sal que adoba el alma y el espíritu.
Y en medio de esa amargura,
yo declaro mis locuras y sentimientos,
todos dentro de la felicidad que llena mi cuerpo
mi alma y espíritu...
ahí con esa combinación de notas y alaridos.
C. Macci
hoy no hay más tristeza perdida por las lágrimas de cada ojo.
Hoy una amarga estancia me desespera...
y me alegra la compañía de mi insalubre amistad con un vicio.
No es fácil creer que un vicio te haga compañía
pero lo hace...
y de muy mala manera;
sólo deseo que este vicio bendito
no ahogue a mi amada soledad.
Todo es vicio por sexo y sexo por vicio,
todo es infelicidad en las personas que tienen felicidad a la par;
felicidad insensata que no se muestra ni se luce,
no se cree ni se ve,
pero ahí está...
la felicidad.
Pero volviendo al inicio,
donde hablaba del vicio,
no creas lector empedernido
que en la vida me he contaminado con químicos,
no, no lo creas...
Mi vicio, ese que me hace compañía,
es una guitarra
un sol y un re, una púa y una voz
me hacen mala compañía digo yo,
porque no les puedo dar lo que me dan a mí,
me traen la felicidad, me borran la ansiedad
y yo no las sé engalanar.
Me duele por la musa que me entra por un oído
y en mi cabeza hace nido,
pero no soy intérprete de sinfónica,
no soy un ángel de un coro de Varsovia,
solo soy yo y mi vicio por escuchar la musa de mi sangre
de mi voz,
de mi paz,
de mi soledad...
Y la amarga estancia se acaba cuando la musa sale,
sale de entre las cuerdas afinadas de mi guitarra
y las cuerdas desafinadas de mi voz;
porque lo que endulza el alma no es la soledad
ni la compañía,
sino la sal que adoba el alma y el espíritu.
Y en medio de esa amargura,
yo declaro mis locuras y sentimientos,
todos dentro de la felicidad que llena mi cuerpo
mi alma y espíritu...
ahí con esa combinación de notas y alaridos.
C. Macci
Una imagen inigualable
No percibo las anteriores visiones,
solo una obsesión actual que nació
en una pequeña laguna mental
y luego se anidó en una imagen sideral
una imagen inigualable de tu ser,
una imagen inigualable de mi obsesión,
de mi admiración, mi visión: Tú.
Y aquí lloraré eternamente
si no me das las alas para volar,
si no me das un sueño para soñar,
si no existe una razón en tu ser para verme,
valorarme y apreciarme,
y luego de apreciarme, amarme.
Porque si no me amas
esta imagen inigualable
me herirá perennemente
hasta matar mis siete sentidos:
amor amor amor amor amor amor amor,
también matará mis nueve almas y mis dos corazones...
Yo amo las imágenes inigualables
siempre que tú estés en ellas
y las guardo en mi mente,
y las lloro si no las veo,
y las amo como si fueran tu ser,
las adoro cual si fueran dioses adorables;
tus imágenes inigualables.
C. Macci
solo una obsesión actual que nació
en una pequeña laguna mental
y luego se anidó en una imagen sideral
una imagen inigualable de tu ser,
una imagen inigualable de mi obsesión,
de mi admiración, mi visión: Tú.
Y aquí lloraré eternamente
si no me das las alas para volar,
si no me das un sueño para soñar,
si no existe una razón en tu ser para verme,
valorarme y apreciarme,
y luego de apreciarme, amarme.
Porque si no me amas
esta imagen inigualable
me herirá perennemente
hasta matar mis siete sentidos:
amor amor amor amor amor amor amor,
también matará mis nueve almas y mis dos corazones...
Yo amo las imágenes inigualables
siempre que tú estés en ellas
y las guardo en mi mente,
y las lloro si no las veo,
y las amo como si fueran tu ser,
las adoro cual si fueran dioses adorables;
tus imágenes inigualables.
C. Macci
domingo, 12 de julio de 2009
Después del 2000
Joven he sido, soy, y seré siempre que desee,
pero las horas pasan y me hacen arrugas,
patas de gallo en las sienes, y las cosas que uno lee
corresponden al nivel intelectual y estupor sin alas.
Joven todavía, he partido el mundo en tres,
A.C, D.C y después del 2000.
No es que menosprecie a Cristo, si eso crees,
pero es que las cosas cambiaron después del 2000.
El segundo milenio trajo con su nacimiento
una nueva era, un arte propio del humano,
algo terrible e indudablemente absorto
en las múltiples vocaciones que auscultan lo pagano.
Es una época triste, de perdis aberración,
de políticas y documentaciones en contra
de la naturaleza humana, obsesión;
galas y espurias perchas se contradicen,
son lisonjeras y perduran en su mantra.
El destino se proyecta ruin, torpe, como un aparato
las multitudes de jóvenes no se visualizan
en lo lejano de esta caminata sin ornato,
más bien siento que los sucesos empeoran, no danzan.
A esta era la llamo la Era Digital, fútil,
sin aras bellas, sin conocimiento, época sin ventura
que pastorea las huestes hacia un maltrecho ovil,
elaborado con lo que la mercadotecnia factura.
Insensato puñado de años corrientes y voraces en su acción,
que montado en un facistol, ordena las masas inocentes
y los adiestra como guiris expertos en perversión;
los grandes tienen el Seol asegurado, los jóvenes ya están inertes.
La telaraña virtual, promueve el dialoguismo, la curiosidad
se adueñó, como un demonio, de la mente humana,
estamos consituyendo un imperio de contrariedad,
desorden y terrible exasperación pagana.
No detesto las olas modernas de tecnología,
no desacredito los beneficios de la red mundial,
pero me esmero en no creer en lo bueno, analogía
que se muere en un cunilingo o en un torrente fluvial.
Como un escupitajo podría ser la Era después del 2000,
si no fuera por las mentes brillantes que como Lot,
aprovechan las ventajas de la globalizada obsesión, que vil
como una curia añeja, solo promueve doctrinas.
C. Macci
pero las horas pasan y me hacen arrugas,
patas de gallo en las sienes, y las cosas que uno lee
corresponden al nivel intelectual y estupor sin alas.
Joven todavía, he partido el mundo en tres,
A.C, D.C y después del 2000.
No es que menosprecie a Cristo, si eso crees,
pero es que las cosas cambiaron después del 2000.
El segundo milenio trajo con su nacimiento
una nueva era, un arte propio del humano,
algo terrible e indudablemente absorto
en las múltiples vocaciones que auscultan lo pagano.
Es una época triste, de perdis aberración,
de políticas y documentaciones en contra
de la naturaleza humana, obsesión;
galas y espurias perchas se contradicen,
son lisonjeras y perduran en su mantra.
El destino se proyecta ruin, torpe, como un aparato
las multitudes de jóvenes no se visualizan
en lo lejano de esta caminata sin ornato,
más bien siento que los sucesos empeoran, no danzan.
A esta era la llamo la Era Digital, fútil,
sin aras bellas, sin conocimiento, época sin ventura
que pastorea las huestes hacia un maltrecho ovil,
elaborado con lo que la mercadotecnia factura.
Insensato puñado de años corrientes y voraces en su acción,
que montado en un facistol, ordena las masas inocentes
y los adiestra como guiris expertos en perversión;
los grandes tienen el Seol asegurado, los jóvenes ya están inertes.
La telaraña virtual, promueve el dialoguismo, la curiosidad
se adueñó, como un demonio, de la mente humana,
estamos consituyendo un imperio de contrariedad,
desorden y terrible exasperación pagana.
No detesto las olas modernas de tecnología,
no desacredito los beneficios de la red mundial,
pero me esmero en no creer en lo bueno, analogía
que se muere en un cunilingo o en un torrente fluvial.
Como un escupitajo podría ser la Era después del 2000,
si no fuera por las mentes brillantes que como Lot,
aprovechan las ventajas de la globalizada obsesión, que vil
como una curia añeja, solo promueve doctrinas.
C. Macci
miércoles, 24 de junio de 2009
Por si alguien piensa igual o peor

Ese hombre que cree que nace, crece, se reproduce y muere sin amar
es peor que el que cree que no es real lo natural de amar a la mujer
No existe placer alguno, interpretado por el hereje
o analizado por el experto en hermenéutica
no existe ese placer que pueda ser comparado con el de amar
es peor que el que cree que no es real lo natural de amar a la mujer
No existe placer alguno, interpretado por el hereje
o analizado por el experto en hermenéutica
no existe ese placer que pueda ser comparado con el de amar
a la mujer casi perfecta casi porque ni Eva lo fue
ni Venus lo será
ni Venus lo será
Porque el historiógrafo no ha determinado la forma de demostrar en papel
la ingenuidad del humano hombre moderno
que viaja creyendo en las estrellas y soñando con integrales y diferenciales
sin darse cuenta de que la felicidad está en un cuerpo
con senos y un órgano genital
con placer y pensamiento igual al del macho
y al del negro y el chino y el aborigen y el sajón y el albino
La felicidad pertenece al acto erótico de reproducir la inteligencia
de crear un calor
de crear un beso sensual en medio de la noche bohemia de un trago Dom Perignon Vintage 1998
La felicidad está enmarañada en ese pelo largo o corto
rizado o teñido
lacio o canoso
Es una forma divina
la felicidad
Ese hombre que cree que nace, crece, se reproduce y muere sin amar
es peor que el que cree en las matemáticas como estilo de vida
es peor que el que solo ve la ciencia social en las personas y en las disparejas relaciones de compromiso que una decisión hizo
Ese hombre que no ame a una mujer no es normal,
es más bien esclavo de alguna aberración
de alguna inhibición
fruto del destino
fruto de la sociedad, talves
o simplemente resultado de la violación
Y no es verdad lo que diga un loco poeta
no es amable creer que no existen esos hombres que tanto poetas como desalmados
creen en la posibilidad de amar a la mujer
porque la realidad del mundo va más allá de las letras
la efervescencia de la naturaleza sexual se pierde en los deseos de felicidad
y el que no tenga la felicidad podrá elegir entre ser un hombre o una mujer
que nace, crece, se reproduce y muere sin amar
aunque en el mundo sobre el amor.
C. Macci
Dec 24, 2008 3:34 AM
LO VEROSÍMIL DE LA POLÍTICA
Lo único que las hambrunas reclaman,
es la existencia de la política, las exageraciones
que con demagogia los líderes proclaman;
las múltiples veces que La Pobreza sufre laceraciones
son consecuencia expedita de las palabras de los grandes,
son los resultados pinches de las lenguas que lisonjean.
Los puñados de arroz sobran en la casa del adalid,
no importa si es comunista o capitalista, tampoco socialista,
siempre sobran las viandas y el vino de la italiana vid,
porque ellos, cabecillas como Lenin, luchan por la lista
de proyectos, que tan áridos como las tierras del petróleo,
se quedan en la mesa al igual que la lámpara de óleo.
Las firmas van y vienen como los embajadores.
Los maestres y magnánimos representantes de mi patria,
estarán muertos indudablemente, porque no usan sus enseres,
no asignan labores para los tractores
y por eso la pobreza es una úlcera gástrica
en miles de estomaguitos francos.
Lo dable en las curules de la Asamblea,
son 57 mundos distintos entre sí y por supuesto,
sin hambre; parecen que no saben de la loable Oblea,
que no llora, y no tiene hipótesis ni presupuesto.
Lo verosímil de la política es que la democracia
es parte de sus inspiraciones, no de sus acciones;
lo permitido de la democracia,
es que tiene dentro del Parlamento muchas fracciones.
Lo irreal de la vida de mis ancestros
es real en mis días, en mi vida, en mi país;
sus placeres eran los proyectos con resultados honestos,
sus vidas –las de mis ancestros- eran verdes como los labrantíos de maíz.
El cielo ayer era azul límpido, hoy es gris, mañana será oscuro
¿Hasta cuándo vendrá el libertador, el hacedor de sueños
-¡perdón, corrijo!- de sueldos? Y que pasen por mucho el muro
de la indignación de los pobres, hoy ajenos al empresario y dueño.
El trabajo y la paz viven, lo que no vive ni hay
es una hermosa y noble Bandera tricolor,
no hay labriegos sencillos que no digan ¡Ay, ay, ay!
¡Todo se cayó!: mi fecundo mundo de ardua y tosca labor.
C. Macci
23/06/2009 23:27:57
es la existencia de la política, las exageraciones
que con demagogia los líderes proclaman;
las múltiples veces que La Pobreza sufre laceraciones
son consecuencia expedita de las palabras de los grandes,
son los resultados pinches de las lenguas que lisonjean.
Los puñados de arroz sobran en la casa del adalid,
no importa si es comunista o capitalista, tampoco socialista,
siempre sobran las viandas y el vino de la italiana vid,
porque ellos, cabecillas como Lenin, luchan por la lista
de proyectos, que tan áridos como las tierras del petróleo,
se quedan en la mesa al igual que la lámpara de óleo.
Las firmas van y vienen como los embajadores.
Los maestres y magnánimos representantes de mi patria,
estarán muertos indudablemente, porque no usan sus enseres,
no asignan labores para los tractores
y por eso la pobreza es una úlcera gástrica
en miles de estomaguitos francos.
Lo dable en las curules de la Asamblea,
son 57 mundos distintos entre sí y por supuesto,
sin hambre; parecen que no saben de la loable Oblea,
que no llora, y no tiene hipótesis ni presupuesto.
Lo verosímil de la política es que la democracia
es parte de sus inspiraciones, no de sus acciones;
lo permitido de la democracia,
es que tiene dentro del Parlamento muchas fracciones.
Lo irreal de la vida de mis ancestros
es real en mis días, en mi vida, en mi país;
sus placeres eran los proyectos con resultados honestos,
sus vidas –las de mis ancestros- eran verdes como los labrantíos de maíz.
El cielo ayer era azul límpido, hoy es gris, mañana será oscuro
¿Hasta cuándo vendrá el libertador, el hacedor de sueños
-¡perdón, corrijo!- de sueldos? Y que pasen por mucho el muro
de la indignación de los pobres, hoy ajenos al empresario y dueño.
El trabajo y la paz viven, lo que no vive ni hay
es una hermosa y noble Bandera tricolor,
no hay labriegos sencillos que no digan ¡Ay, ay, ay!
¡Todo se cayó!: mi fecundo mundo de ardua y tosca labor.
C. Macci
23/06/2009 23:27:57
GALLARDO FUTURO SE MECE EN LAS HONDURAS CENTROAMERICANAS
He oído las historias de una cultura descuidada,
y los demás entes del mundo, crueles e infieles,
sueñan con la cultura sana y adiestrada
de mis países vecinos, de nuestros “arrabales”.
Algunas voces, tristes e infelices como el viento iraquí,
navegan las ondas del sonido y las aras del pasado,
para conquistar las lozanas historias de color carmesí
y las curvas peraltes del amanecer, hoy día ya cansado.
Los rebeldes manifiestos, con acelerados perros,
las humanidades en penumbras y las ánimas
perdidas en el dolor, excavan entre los gamberros
para encontrar un hereje que nos guíe,
que nos saque de las históricas láminas
de los destierros;
un espectro humanizado en el que el mundo confíe.
Un Salvador que nos libre de la pobreza,
Alguien que nos defienda del Águila herida
en su orgullo; buscamos con desorbitada cabeza
un yermo futuro que nos lleve al desarrollo, sin la árida
decepción que se vive en Gaza.
En las honduras del suspicaz canibalismo ideológico
cae la lobreguez de la ignorancia, la falta de esperanza;
en las bajuras arroceras, engorda el desarrollo tecnológico,
y en Centroamérica fantasean con la venganza.
Todavía se vive en chozas de paja,
las viudas son fieles al difunto que no está,
y yo sólo creo en las alegrías de un papel hecho caja,
Porque es lo único que me queda; hecho mi futuro está.
El bálago, la cogorza, el cuete, las pestes, el apocalipsis,
son el estandarte docto, el pueril ribete de mis gloriosos astros,
las raíces de la púber humanidad crecerán en crisis,
y en el festón de la catedral que se mece, formarán un soto de fiascos.
C . Macci
23/06/2009 13:03:24
y los demás entes del mundo, crueles e infieles,
sueñan con la cultura sana y adiestrada
de mis países vecinos, de nuestros “arrabales”.
Algunas voces, tristes e infelices como el viento iraquí,
navegan las ondas del sonido y las aras del pasado,
para conquistar las lozanas historias de color carmesí
y las curvas peraltes del amanecer, hoy día ya cansado.
Los rebeldes manifiestos, con acelerados perros,
las humanidades en penumbras y las ánimas
perdidas en el dolor, excavan entre los gamberros
para encontrar un hereje que nos guíe,
que nos saque de las históricas láminas
de los destierros;
un espectro humanizado en el que el mundo confíe.
Un Salvador que nos libre de la pobreza,
Alguien que nos defienda del Águila herida
en su orgullo; buscamos con desorbitada cabeza
un yermo futuro que nos lleve al desarrollo, sin la árida
decepción que se vive en Gaza.
En las honduras del suspicaz canibalismo ideológico
cae la lobreguez de la ignorancia, la falta de esperanza;
en las bajuras arroceras, engorda el desarrollo tecnológico,
y en Centroamérica fantasean con la venganza.
Todavía se vive en chozas de paja,
las viudas son fieles al difunto que no está,
y yo sólo creo en las alegrías de un papel hecho caja,
Porque es lo único que me queda; hecho mi futuro está.
El bálago, la cogorza, el cuete, las pestes, el apocalipsis,
son el estandarte docto, el pueril ribete de mis gloriosos astros,
las raíces de la púber humanidad crecerán en crisis,
y en el festón de la catedral que se mece, formarán un soto de fiascos.
C . Macci
23/06/2009 13:03:24
sábado, 20 de junio de 2009
El dolor del éxito ajeno
Lloré, porque no hice con mi vida
lo que un loco sin remedio hizo;
crecí odiando mi pasado que me permitió
ser escritor, y que yo no quise ser,
dejando de lado
tremendo talento.
Amanecía yo cada mañana, blasfemando contra Alá,
porque mis desgracias eran tener una madre que
me mantenía cuando yo no quería trabajar...
y decía yo que no había trabajo, cuando sobraba
como el hambre;
no hice ningún trabajo, pero tampoco estudié.
Veía el internet globalizando las vidas, como lo
hizo la TV en su momento,
como si fuera una monja en un convento, que no es
inocente, y que quiere guardar su pensamiento
virginal para el Dios que todopoderoso es, y
que marido no le da.
Soñaba con mi mujer angelical, casi perfecta
si no es porque me miraba a mí,
pero cuando despierto estuve, no le dije que
la amaba, y que la amo, y que viví
para ella, por ella y en una caja magenta
satanizada por mi falta de madurez.
Vi crecer la hija de mi amigo, la barriga de mi hermana
y los parásitos del estado -sin mayúscula siquiera-
y no hice nada por mí, ni por ellos; es más
me hundí en lo tétrico de la soledad, la ambición
y las perversiones legales de 57 cabezas costarricenses
que más que derechos, parecen zurdos.
Comprobé el éxito del amigo
que admiré en mi juventud,
pero no seguí sus pasos porque Graham Bell
dijo que sería igual que él...
pero hubiera deseado seguir sus acciones,
que ser ahora un hombre de adicciones,
visiones y lamentos del averno.
Me estoy muriendo de celos, sí,
como una puta es celosa de las mujeres libres,
de las mujeres que saben algún oficio más
que sacar placer a un falo sin amor;
me muero por las cosas que lamento no
haber hecho
y por ver los que sí hicieron lo que no hice,
y que hoy, como si fueran máquinas de
hacer dinero,
viven cómodos y sin escrúpulos, y
son felices en su consumismo, como son tristes
en la pobreza del espíritu.
Me late acelerado el corazón,
porque nunca le dije a mi madre
que yo la amaba, y que aunque dependía de
ella, deseaba no se acabara su vida
para seguir parasitándola, cual si fuera yo,
una lombriz intestinal.
He visto tanta cochinada, tanto talento,
tanto amor, tanta fidelidad, tanto éxito, tanta
hambre, tanta tristeza, tanta ilegalidad de
los que "Derechos" deberían ser, tanta política,
tanta vulnerabilidad...
pero nada de eso es mío, ¡nada!
porque no quise, porque me limité a ver,
porque amarré mis pies al tronco de la pereza,
y dormía en la cama de la dejación,
y nunca extendí las alas del trabajador que
tengo dentro, ni la intelectualidad límpida
que caracteriza al ser humano.
C. Macci
lo que un loco sin remedio hizo;
crecí odiando mi pasado que me permitió
ser escritor, y que yo no quise ser,
dejando de lado
tremendo talento.
Amanecía yo cada mañana, blasfemando contra Alá,
porque mis desgracias eran tener una madre que
me mantenía cuando yo no quería trabajar...
y decía yo que no había trabajo, cuando sobraba
como el hambre;
no hice ningún trabajo, pero tampoco estudié.
Veía el internet globalizando las vidas, como lo
hizo la TV en su momento,
como si fuera una monja en un convento, que no es
inocente, y que quiere guardar su pensamiento
virginal para el Dios que todopoderoso es, y
que marido no le da.
Soñaba con mi mujer angelical, casi perfecta
si no es porque me miraba a mí,
pero cuando despierto estuve, no le dije que
la amaba, y que la amo, y que viví
para ella, por ella y en una caja magenta
satanizada por mi falta de madurez.
Vi crecer la hija de mi amigo, la barriga de mi hermana
y los parásitos del estado -sin mayúscula siquiera-
y no hice nada por mí, ni por ellos; es más
me hundí en lo tétrico de la soledad, la ambición
y las perversiones legales de 57 cabezas costarricenses
que más que derechos, parecen zurdos.
Comprobé el éxito del amigo
que admiré en mi juventud,
pero no seguí sus pasos porque Graham Bell
dijo que sería igual que él...
pero hubiera deseado seguir sus acciones,
que ser ahora un hombre de adicciones,
visiones y lamentos del averno.
Me estoy muriendo de celos, sí,
como una puta es celosa de las mujeres libres,
de las mujeres que saben algún oficio más
que sacar placer a un falo sin amor;
me muero por las cosas que lamento no
haber hecho
y por ver los que sí hicieron lo que no hice,
y que hoy, como si fueran máquinas de
hacer dinero,
viven cómodos y sin escrúpulos, y
son felices en su consumismo, como son tristes
en la pobreza del espíritu.
Me late acelerado el corazón,
porque nunca le dije a mi madre
que yo la amaba, y que aunque dependía de
ella, deseaba no se acabara su vida
para seguir parasitándola, cual si fuera yo,
una lombriz intestinal.
He visto tanta cochinada, tanto talento,
tanto amor, tanta fidelidad, tanto éxito, tanta
hambre, tanta tristeza, tanta ilegalidad de
los que "Derechos" deberían ser, tanta política,
tanta vulnerabilidad...
pero nada de eso es mío, ¡nada!
porque no quise, porque me limité a ver,
porque amarré mis pies al tronco de la pereza,
y dormía en la cama de la dejación,
y nunca extendí las alas del trabajador que
tengo dentro, ni la intelectualidad límpida
que caracteriza al ser humano.
C. Macci
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