miércoles, 4 de noviembre de 2009

Locuras que inician con la destreza.

Mis destrezas no van más allá,
están morando en mi cabeza
y las ansias son vagas y flamencas
como los andaluces, pero
no son más que pinches pencas
de un manzano,
tal vez de una flor como un clavo.

Soñar es una virtud, la música
un talento, una canción, una sensación;
pero nada es más allá
que el conocimiento,
el know how.

Soy poco hábil de palabra,
poco sagaz, nada conocedor de la política,
y mi corazón es zurdo per sé latino,
derecho por ser justo.

No creo en las aves
mucho menos en Fénix
o en Atenea, o Venus,
tampoco creo en mis destrezas
más por pereza
que por deseos de verificar.

Me vale un comino,
tal vez un pepino
si la gramática me califica,
si la Lengua me ausculta por
bueno o por malo, o por
tener la lengua mala
de tanta banana tica.

Soy un ángel, no como Nerón
pero tampoco como Bonaparte;
si me dieran papel en Hollywood
haciendo de vaquero,
¡me corto las venas! pero creo que
no es para caballeros.

Sabina canta con maestría
y enseña a la juventud
un estilo de vida, tal vez indebida
pero vida.

¡Lástimas los riesgos sin estudios
que los hagan más valiosos!
¡Lástima las anguilas en las profundas
aguas sin un fondo abisal
que las libere de la luz solar y de los
motores japoneses que buscan
a Moby Dick para extinguir una
farmacéutica estadounidense!

Odas serán escritas,
coros y salmos serán heredados,
más nunca mis destrezas,
nunca mi cabeza,
mucho menos las ideas
locas, que tanto de Sabina como
de Nietzche se anidan en esta masa gris.

C. Macci

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