Conocí el viento que me sopló en la cara
y vi su mirada, verde y arrebatada.
Conocí su pelo lacio como el del elote
conquistando gaviotas sin ser papalote
Era tierna su forma de ser
ágil su forma de amar
sincera y firme como el arte marcial
espiritual y celeste como el cielo sideral
La quise, mas no la amé.
La lloré y la besé.
No la hice superior a las de su edad
pero ella me hizo por el aire caminar.
Y estoy tirado ahora en la esquina
de un bar, o de un lagar
soñando con sus verdes luminarias
recordando la suavidad de su pelo
como de trapo de seda.
C. Macci
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