En el día en que las horas tenían mil cuatrocientos cuarenta minutos
ese día yo era bajo un paraguas
me sentía resguardado de la lluvia
era como un refugiado en un país extraño que no deja de sufrir
En el día más largo, con treinta y cuatro mil quinientos sesenta minutos
escuchaba lo inaudible, los sonidos bajos
escuchaba los latidos del corazón
las ansias del alma negra del músico sin ser satisfechas
En ese día espeluznantemente inacabable,
no podía tomas siestas ni comer,
estaba sentado bajo un paraguas mientras llovía
mientras escuchaba distorsiones del sentimiento hechas música
Los látigos del sufrimiento eran más cortos que ese día
en que yo, bajo la incesante sensación de protección
de un paraguas bajo la tempestad y la música
que me resguardaba sin ser más que un objeto sin vida, lloraba
Aunque yo gritara: ¡Dios ayúdame! el día no se acababa.
Era tan largo como el Nilo
tan viejo como el Mar Rojo
el día más largo era cruel como una tortura de la Edad Media
¿Por qué me torturas? pensaba en mis entrañas
Y el Tiempo me respondió: porque eres un insensato,
no me valoras y lloras si voy a tu ritmo...
quieres vivir pero no me notas.
Ahora te castigo con un día extremadamente largo
para que me valores -continuó el Tiempo-
eres demasiado egoísta, me cambiaste por el Dinero
y luego reclamas que no tienes tiempo.
Sufrirás con el tiempo, y el Dinero no se involucrará,
tu jornada de trabajo por más larga que sea,
no alcanzará el valor de mi día más largo.
Soy el Tiempo, ese que necesitas y no sientes ni valoras.
Que las canas te salgan en un solo día, eso deseo
-continuó el Tiempo- y que cuando el día llegue a su fin
solo el Sueño y el Cansancio me reclamen,
no por torturarte, sino por no darles tiempo a ellos.
¿Quieres trabajar? Trabaja
¿Quieres dinero? Haz dinero
¿Quieres estudiar? Estudia
Pero nunca en tu vida digas que no te di tiempo.
C. Macci
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