Hoy amanecí terriblemente
inundado por lo que llaman ansiedad,
ansiedad de verte feliz y sin gases,
ansiedad por verte sin temblores.
Mundo, amanecí triste por ti,
porque estamos viviendo en tu piel,
y te quitamos los pulmones,
porque nos bebemos tu sangre.
Somos parásitos en tu cuerpo,
somos esclavos del dinero,
tu enfermedad más grande,
tu mal verdadero y eterno.
Estimado amigo, he estado pensando,
tus calenturas se deben a mi y a mis relativos,
se deben a mis desechos y mis proyectos;
es por el amor al dinero, creo yo.
No es más que una aberración,
una psicosis siniestra de nosotros,
que queremos de ti todo, y te damos
lo suficiente para seguir explotándote.
Talvés solo a mí me inunda esta ansiedad,
por verte sano y feliz,
por verte competir con Urano y Júpiter;
y no sé qué hacer, son pocos los que por ti lloran.
Me disculpo amigo Mundo,
me disculpo por no decirte "Tierra",
porque cada vez que menciono tu nombre,
se hace una rima con la palabra "Guerra".
Te digo "Mundo" aunque rime
con palabras de lo inmundo,
con vagabundo y nauseabundo,
te digo "Mundo", para que mi corazón no sea necio.
Estoy infeliz porque tus parásitos,
de los cuáles soy parte,
matan a quienes verdaderamente te aman,
los extinguimos y los hacemos pieles.
¡Perdóname Mundo, perdóname!
Soy absolutamente inútil e insignificante todavía
como para luchar por tu alegría.
Por mientras, dado que de día es,
te digo: ¡Buenos días, Mundo!
C. Macci
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