Se vino una tormenta,
sacudiendo todas mis cabañas,
me hace sentirme mal, asustado,
hubiera deseado que no hubiera mal tiempo.
Con mis ruinas,
con mi tristeza y depresión activa,
espero levantarme, de nuevo,
como el Ave Fénix...
Ahora, olvido el ojo del huracán,
porque hay que olvidar,
como los grandes humanos,
como los grandes líderes.
Entre lo apacible y lo triste,
empecé inmediatamente
con la restauración del futuro,
como los grandes humanos,
como los grandes líderes.
Y claro está,
el mal tiempo volverá,
pero no me interesa,
el Ave Fénix soy yo.
C. Macci
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