Cada uno que se ondea en el aire,
cada uno de esos negros y abundantes colochos,
me vuelven loco, sin conocerlos siquiera,
pero simplemente sé que me dan vida.
Hacen estragos en mis recuerdos,
hacen historias, sueños, ilusiones,
me llevan de aquí para allá
por el aire, sin tener alas...
Me gustan, como tú,
me encantan, como tú,
pero más aún cuando sé
que tienen un aroma exquisito, como tú.
Quisiera poder sentirlos en mis labios,
y disfrutar su olor a néctar,
cual si fuera yo una avispa en una flor,
o un colibrí en una dulce fruta.
Si me pudieras ver con detalle,
como yo admiro tu pelo ondulado,
como las mujeres envidian tu cabellera,
si me pudieras ver, yo te daría más que halagos:
te daría entendimiento, cariño y sosiego: apego.
Ahí estarán en la telaraña, colgados tus colochos,
para yo verlos cuando me sienta triste,
para ser feliz cuando esté sólo y...
para ilusionarme en cada momento al combinarlos con tu sonrisa.
Sé que estarán ahí y que no me olvidarás,
en cada pintura, en cada escultura,
recordarás que tus colochos,
abundantes y negros como el cielo,
me hacen felizmente escribir para ti.
Sé que no sé lo que el arte es, sin pensamiento,
sé que la vida es arte y el arte entendimiento,
y también sé que tú y tus colochos,
me atraen por la ventana que siempre tengo enfrente.
Aquí estaré viéndote desde mi ventana,
gozando tus dátiles, tus imágenes inolvidables,
tu sonrisa que tanto adorna tus colochos,
tu tez blanca y pura como el oro.
Aquí estaré, por si deseas entrar en esta soledad
que me apacigua las emociones,
que las exacerba si te veo pasar por mi ventana,
enredada en la telaraña, feliz, sonriente, alegre.
Aquí estaré admirando por siempre tus colochos...
C. Macci
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