Había hecho el poeta,
Un par de versos sobre las cosas que matan,
Como el insomnio y la corbata,
Cosas sin sentido, como la guerra.
El poeta estuvo feliz,
Criticando al profeta de Israel
Y al suicida extremista palestino.
Hablando de cosas que no tienen sentido.
Dijo el poeta:
«Cuídate de las sinagogas,
Cuídate de los libros.
Más vale un ateo en soledad
Que un profeta en el anfiteatro»
Eso dijo el poeta,
Sin imaginar que escribía
En un libro virtual, de la tecnología;
Que no salvaría los cambios.
Las cosas sencillas y absurdas
Hacen de la gente momias...
Cosas inservibles.
Cosas incapaces de vivir solas.
¡Qué cosas!
Un juego de palabras.
Eso somos:
A rato muertos, a ratos letras.
Somos esas cosas pasajeras,
En el destino,
Cosas de la mente de un poeta,
O simplemente cosas mal puestas en el camino.
C. Macci
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