Tus ojos claros dejan entrever
Más allá que un atardecer.
Siempre cosas profundas.
Una atracción para mi rebeldía.
Tus cabellos rizados,
Negros y abundantes como la noche,
Me enredan entre ilusiones.
Son perfectos, son lírica hecha arte.
Tus labios suaves y rojos todos,
Como la cereza de un pastel
Te hacen ver divina, divina.
De repente eternos, de repente únicos.
Pero todos esos dátiles tuyos,
Todas tus uvas bien acomodadas en el racimo,
No me borran de la mente,
El desastre de mi entorno, de mi tierra.
Eso me hace triste, duro, rudo.
No sé si tanta desolación en esta tierra,
Me ha hecho cruzar mi camino con el tuyo.
Pero me preocupa y me distrae.
Me distrae el destino y mis afanes,
Y siento que no puedo amarte,
Porque no he resuelto el mundo
O porque no me amo como yo a ti.
Es una inverosímil realidad,
La perfecta excusa para no comprometerme.
La tremenda historia que podría acabar mal
Como todas las de su tipo.
Sin embargo, bella mía,
Tus ojos, tu vida, tu hermosa algarabía,
La que vive en tus gestos y tu piel,
La que hace reír...
Todo eso tuyo que existe en mi mente,
Que coadyuva a mi alma
En la búsqueda de paz,
Todo eso, me mantiene alerta y con vida.
Así que, buscaré una escapatoria,
No lírica, no musical, no histórica,
Para aceptar este mundo en su tinieblas
Y abrazarme a ti para hallarme a mi mismo.
C. Macci
No hay comentarios:
Publicar un comentario